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Jair Bolsonaro, el capitán del Ejército que le declaró la guerra al establishment político y llegó a la presidencia

Farándula
18:10 | Domingo 28 de Octubre de 2018

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Jair Bolsonaro no es un personaje nuevo en la política brasileña. Tiene 63 años y es diputado federal por Río de Janeiro desde 1991. Había ganado cierta fama en 1986, cuando era capitán del Octavo Grupo de Artillería de Campaña y escribió en la revista Veja un artículo en el que reclamaba por los bajos salarios militares.

 

Fue arrestado por insubordinación, pero el Superior Tribunal Militar lo absolvió dos años más tarde. Así concluyó su carrera castrense y comenzó la política, aunque casi siempre en los márgenes del sistema. Como en Brasil se puede votar a candidatos individuales en las elecciones legislativas, su discurso de extrema derecha le alcanzaba para renovar su banca con el voto de los cariocas más conservadores, pero no para ser una figura relevante.

 

Cobró mayor visibilidad a partir de 2003, con la llegada a la presidencia de Lula da Silva, de quien fue un opositor radical. Ese mismo año protagonizó en los pasillos del Congreso una escandalosa discusión con la diputada Maria do Rosário, del PT, que lo acusó de ejercer violencia contra las mujeres.

"No te violo porque no lo mereces", le respondió Bolsonaro en un cruce registrado por las cámaras de televisión. Ante los gritos de indignación de la legisladora, la empujó y cerró la discusión llamándola "vagabunda" (prostituta). Diez años más tarde volvió a decirle que no la violaba porque era fea y el Superior Tribunal de Justicia lo condenó a pagarle una indemnización de 3.000 dólares.

 

La teoría indica que no hay vuelta atrás de agresiones de esa envergadura, así que no podía tener mucho futuro. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. Desde 2016, con el agravamiento de la crisis política y judicial que terminó con la destitución de Dilma Rousseff, y con altos dirigentes del PT y del MDB presos por corrupción, pasó de la periferia al centro de la escena política brasileña.

 

"Para entender el fenómeno Bolsonaro es importante analizar el contexto brasileño de los últimos años. Desde las manifestaciones de 2013, el tema de la corrupción ha sido muy enfatizado por los medios de comunicación y, a pesar de que se informa que muchos políticos se involucraron en estos esquemas, los medios y el propio Poder Judicial han recalcado el papel del PT. La crisis social, junto con la crisis económica y política, llevaron al impeachment de Rousseff en 2016. Esto aumentó el sentimiento de insatisfacción con la política y, particularmente, con los políticos, abriendo espacio para liderazgos personalistas y populistas", dijo a Infobae Soraia Marcelino Vieira, doctora en ciencia política por el Instituto de Estudios Sociales de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro.

Hace más de un año que Bolsonaro es, junto con Lula, el único candidato presidencial que aparece espontáneamente en las encuestas cuando se les pregunta a las personas a quién van a votar. A fines de 2017 estaba primero, con cerca de 15% de intención de voto, cuando se excluía al ex presidente de las opciones, ante la sospecha de que su postulación podía ser anulada, como terminó ocurriendo.

 

Muchos analistas se resistían a creer que esa tendencia podía consolidarse. Pensaban que tras los debates televisivos lo iban a superar aspirantes más moderados. Pero no.

 

"Los análisis preelectorales apostaban a un debilitamiento de la candidatura de Bolsonaro por diversos factores. Una máquina partidaria poco estructurada, la dificultad para llegar a los lugares más distantes de los grandes centros y el poco tiempo de publicidad en televisión. Además, se esperaba que el discurso radical de derecha tendiera a excluir a parte importante del electorado, y que la propia competición le daría ventaja a los partidos ya establecidos en la centroderecha, como el PSDB y el MDB", contó Danilo C. Fiore, magíster en ciencia política por la Universidad de San Pablo, consultado por Infobae.

 

Tras la oficialización de Fernando Haddad como candidato del PT en reemplazo de Lula, Bolsonaro no paró de crecer en intención de voto. Sobre todo, tras la puñalada que sufrió en un acto el 6 de septiembre.

 

De todos modos, ni el más encendido bolsonarista esperaba una victoria tan resonante como la que obtuvo el 7 de octubre en la primera vuelta, en la que sacó el 46%, frente a un 29% de Haddad y que anticipé la victoria de este domigno en el ballotage.

Razones de un éxito inesperado

 

El primer salto importante de Bolsonaro se produjo entre 2010 y 2014. En ese lapso pasó de recibir 120 mil votos y quedar en el 11º puesto en las elecciones parlamentarias de Río de Janeiro, a ser el candidato más votado del estado, con 464 mil sufragios. Eso le permitió empezar a ambicionar una postulación presidencial que cobró fuerza tras el derrumbe de los partidos tradicionales en el último bienio.

 

Tras pasar por cerca de una decena de fuerzas políticas menores, decidió presentarse por el Partido Social Liberal, en el que milita desde principios de año. Pero no sirve de mucho repasar los partidos que integró para ver cómo piensa, ya que en Brasil están muy lejos de ser organizaciones programáticas.

 

El ex paracaidista expuso con notable claridad algunos de los ejes que estructuran su ideario político en un acto realizado en febrero de 2017 en Campina Grande, estado de Paraiba. "El Estado es cristiano y la minoría que está en contra, que se cambie. Las minorías tienen que inclinarse hacia las mayorías", dijo entre otras cosas.

Ese discurso no sólo interpela al electorado evangélico, que es cada vez más numeroso en el país, y que es una de las razones de su creciente popularidad. También resuena en un sector muy importante de la sociedad brasileña, que mira con sospecha la equiparación entre hombres y mujeres, el debilitamiento de las autoridades fuertes y la diversidad sexual y cultural, rasgos distintivos del siglo XXI.

 

En una entrevista con la revista Playboy en junio de 2011, Bolsonaro aseguró que "sería incapaz de amar a un hijo homosexual" y que preferiría que "muera en un accidente a que aparezca con un hombre con bigote por ahí". En un diálogo con la actriz canadiense Ellen Page, que lo entrevistó en 2016 para un documental, recordaba con añoranza que "cuando era joven había pocos homosexuales". "Con el paso del tiempo —afirmó—, por los hábitos liberales, por las drogas y porque las mujeres empezaron a trabajar, aumentó el número".

 

En abril de 2017, en un discurso en el Club Hebraica de Río, volvió a arremeter contra el género femenino. "Tengo cinco hijos —dijo—. Cuatro son hombres, pero en el quinto me dio una debilidad y vino una mujer". En ese mismo acto, se refirió a los negros. "Los afrodescendientes no hacen nada, creo que ni como reproductores sirven", afirmó. Por ese incidente fue condenado a pagar una multa de 16.000 dólares.

A la luz de esas claves hay que leer su defensa irrestricta de la dictadura militar que imperó en Brasil entre 1964 y 1985. En un programa de televisión, se refirió a ese período como una "época maravillosa", en la que "se podía salir a la calle con seguridad y la familia era respetada". En otra ocasión llegó a decir que "su único error fue torturar y no matar".

Cuando votó en abril de 2016 a favor de la destitución de Dilma, dijo que lo hacía "en memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Rousseff". Se refería al jefe de inteligencia de la dictadura, acusado de ordenar el secuestro y tortura de cientos de presos políticos, entre ellos la ex mandataria.​

 Bolsonaro construyó su carrera a partir de temas morales y conservadores, como la defensa de la familia tradicional, y en contra de la expansión de los derechos de las minorías

La reivindicación de la dictadura es también una manera de mostrarse como el único candidato capaz de ir hasta las últimas consecuencias en el combate a la delincuencia, un tema sensible en uno de los países con mayor violencia criminal de la región. De ahí su insistencia en la necesidad de que los civiles estén armados, y la representación de pistolas con sus manos como un emblema que lo identifica.

"Bolsonaro ofrece una solución simple a los complejos problemas que afligen a los brasileños —dijo Vieira—. Se vende como el candidato honesto, que está a favor de la moral y de la familia, y que resolverá el drama de la violencia. También explota el sentimiento anti PT, que ha crecido en los últimos años".

De todos modos, tampoco él está exento de denuncias. Su nombre figura como receptor de 60 mil dólares de la empresa JBS para la campaña de 2014. Es la misma firma acusada de financiar al presidente Michel Temer y a Aécio Neves, ex candidato presidencial del PSDB. Según la declaración registrada ante el Tribunal Superior Electoral, su patrimonio creció más de 150% entre 2010 y 2014.

Pero al no haber ocupado ningún cargo ejecutivo, y al tener un discurso tan disruptivo, pudo posicionarse como alguien que no tiene nada que ver con la casta gobernante. Eso le permitió llenar el espacio vacante que dejó el PSDB de Fernando Henrique Cardoso, que antes capturaba los votos de los opositores al PT.

"El PSDB sufrió un fuerte desgaste ante la opinión pública debido a los escándalos de corrupción, y no logró mantener ni reconquistar a su electorado tradicional durante la campaña —dijo Mayer—. Además, en la recta final se ha verificado una anticipación del voto de la segunda vuelta. Los electores de los partidos conservadores han migrado a la candidatura de Bolsonaro, en busca de que se consolide".

Tampoco se puede perder de vista que Brasil no está al margen de muchos de los cambios sociales y políticos que están ocurriendo en buena parte del mundo como una reacción a la incertidumbre de la globalización y a un deterioro en la calidad de vida. En muchos países están surgiendo líderes populistas, que son mucho más efectivos que los políticos tradicionales para interpelar a ciudadanos que están asustados y enojados, y demandan un cambio radical.

"Hay indicios de que las redes sociales se tornaron medios proselitistas más importantes en estas elecciones, y Bolsonaro y sus seguidores poseen una militancia significativa en ellas, que muchas veces se expresan a través de fake news", sostuvo Fiore.

 

 

El principal candidato de centro derecha, Geraldo Alckmin, del PSDB, fue el que más tiempo de propaganda tuvo en la televisión, y contaba con la mayor alianza partidaria. Pero obtuvo menos del 5% de los votos en la primera vuelta. Es la evidencia más clara del cambio de época en la política brasileña.

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